domingo, 5 de febrero de 2012

En el sinfín del Universo

Lentamente entendió de que ni su destino estaba prescripto, ni su pasado estaba marcado. Su mente eran grandes cráteres sin sentido, ni conexión. Sólo recordaba algún que otro paisaje y la mirada de alguien significativo. ¿Pero como puede un ser humano vivir sin memoria?
Decidió emprender más viajes, conocer mucha gente. Anduvo por Roma, La Fontana de Trevi, Los canales de Venecia, El Coliseo, atravesó el mar muerto, contempló atardeceres en los Alpes Suizos. Pero leves recuerdos quedaban en su mente. ¿Qué era lo que había sucedido? ¿Por qué no podía retener nada? ¿Por qué no se sentía en ningún lado y en todos a la vez?
En el Mar Mediterráneo, tuvo una revelación, sintió como él era el sendero de sus ojos. Podía estar horas contemplándolo, y ahí si experimentó que había estado toda su vida y desde el principio de los tiempos. Cada oleada le devolvía su pasado en aromas; a sal marina, a pasto mojado, a lava derretida. El ruido del mar abrió sus oídos y escuchó a las ballenas danzar una y otra vez contra las olas.
Entonces se preguntó: ¿Con qué se conectaba su vida; con la palabrería absurda, la vida cotiadiana y los afanes mundanos o con las orcas, las gaviotas por la mañana o las focas? Entendió que en las orcas, las gaviotas, podía encontrar a su verdadero ser, por eso no tenía pasado; le pertenecía a los tiempos de la Naturaleza, a los sinfínes de la Tierra y el Cosmos.

miércoles, 27 de julio de 2011

Misas y Herejes

Por el alma de Don Quijote,
me diste aquella revelación,
cuando tu risa exótica,
venció las barreras del camino.
Envíos, hablaban de flor y truco.
En el patio, tu secreto a la antigua
contó los ratos buenos,
de los perros del barrio.

En el barrio, el guapo lloró en silencio
Y después del olvido,
vinieron tus ofertorios galantes,
repletos de furia, cargados de sueños.
¿Por qué aquellos sermones,
quedaron en el alma del suburbio?

En tus manos desecho el clavel,
tras ser burda tu invitación,
de los ritos en la sombra.
Entre tus acusaciones absurdas,
no sobrevive nada, sólo la murria.

lunes, 28 de marzo de 2011

Jardín Oblicuo

Jardín escondido, sólo de locos soñadores,
desdibuja senderos invisibles.
Transcribe el sentimiento de la gente,
sigue los pasos en ideales inciertos.
Corrompe los pensamientos ingratos,
jardín que derriba fronteras,
jardín que subsiste por la esperanza.
Hábitat de flores gualdas,
camino de luces infinitas.
Jardín habitado, delirantes espíritus.
Lugar de sombras, hechos añicos.
Oblicuos son tus destinos,
tu calles y el propio dolor.
Jardín misceláneo, repleto de furia.
Jardín donde vive Piccaso,
Dalí y el mismo Miró.
Jardín lunático, no reina el abismo.
Convive con la libertad,
rechaza toda soberbia.
Palomas sobre tus arroyos,
invitan hacia la ecología.
Jardín que representa arte
imaginativo, lleno de creatividad.
Jardín montañoso, aterciopelado.
Cárcel de injusticias, penas.
Jardín donde frecuentan,
algunos seres humanos.

domingo, 2 de enero de 2011

Uno más

Él estaba ahí esperando a que alguien le dijera algo pero nada, sentía que su vida se deshacía en pedazos. No sabía ya que pensar, ni que hacer. Todos los días leía el diario esperando algo, una noticia relevante pero nada ocurría. Estaba embebido en la historia de los otros, creía que había algo que los demás le iban a dar, que algún día se acordarían de él y le tuvieran más que lástima.
Cada día trataba de hacer algo, pero su depresión ganaba pulseada frente a sus ganas. Vivía ensimismado, loco, no faltaba el día en que se tomara de los pelos y gritara:”No quiero estar en esta situación”. Hormigas corrían por su casa, le engullían todo, pero él no las podía matar; apenas sus manos llegaban hasta el piso. En muchos momentos, había soñado que las hormigas se metían por sus ojos y le devoraban su cerebro poco a poco.
Ya no sabía qué hacer, si quería levantarse se caía y entonces se quedaba en el piso por muchas horas, llegaba a hacerse encima y a dormir arriba de su propio orín. No le quedaba más que lamentarse y esperar a que uno de sus gatos maullara para que viniera un vecino y le abriera la puerta.
En las noches, tenía que tirarse a la cama y después acomodar sus piernas con el esfuerzo de sus brazos. Lo peor era cuando tenía ganas de ir al baño, era todo un trastorno para meterse en su silla, a veces prefería ponerse pañales y taparse la nariz cuando el aire no era respirable.
Una vez por semana lo visitaba Juana, una mujer solterona, que había sido su novia en tiempos pasados. Pero el amor se había ido, quedó solo un sentimiento lastimoso y mezquino. Era ella quien lo bañaba y limpiaba su casa y él siempre le quería dar unos pesos pero Juana jamás se los aceptaba. Un día llegó a decirle:_No puedo aceptarte plata en la situación que estas.
Cuando ella se iba, él lloraba por horas y pensaba en todo el tiempo que tenía que esperar para volver a verla. Un día apenas, Juana cruzó la puerta comenzó a gritarle:_No me dejes solo, te pago lo que quieras para que te quedes. Ella aceptó pero fue la única vez porque lo vio con los ojos en llanto y mirando hacia la nada. Se quedó dos días y cuando él cerró sus ojos para una siesta tomó su bolsa y se marchó.
Cuando se despertó, vio que había una carta sobre el escritorio. Sintió un dolor fuerte en el pecho y enseguida tomó el teléfono que estaba colgado en la pared y llamó a emergencias; con voz entrecortada y jadeante les indicó donde vivía. Al cabo de unos minutos, llegaron los médicos y lo dejaron internado por unos días. Tuvo una angina de pecho y lo trasladaron a internación coronaria.
El primer día, lo fue a visitar Benito, un primo que hacía como 10 años que no veía. Pasó por la habitación y le preguntó qué le había pasado. Sin muchas vueltas le dijo:_Pero seguís enganchado con esa mina, ya no da. Él abrió los ojos como desorbitados y no tuvo más remedio que contestarle:_Claro, porque vos tenés familia, un trabajo, una vida que hacer. Yo no tengo nada, a lo que Benito le dijo:_”Vés por qué no te visito, porque sos el mismo depresivo de siempre, no es tu estado el que te puso así. Sos vos macho,” Como quien no quiere la cosa, busco en los bolsillos hasta que encontró el celular: _”Uhh me están buscando, mi nene que tiene fiebre. Chau loco, en cuanto pueda te llamo”. Dio media vuelta y se fue. Recién ahí él recapacitó que no había oído el celular y que su hijo seguro que tenía como 20 años, ya no era ningún nene.
Al cabo de unas horas, una mujer entró en la habitación, tenía los labios como despintados y la mirada perdida. Ella lo bañó, le cambió las sábanas y hasta le preguntó si se sentía mejor; él la miró y creyó que era Juana, sin embargo los zurcos de la cara le decían que no era ella. Detrás entró un enfermero con la cena, él se dio cuenta de que esquivaba la mirada, pero su prominente perfil hizo que él se diera cuenta de quién se trataba y le dijo:_¿Cómo andás, Marcos? Sé qué te enojaste porque te dije que la sopa estaba fría y sólo por eso te fuiste. Este hombre lo miró, se sonrojó los cachetes y le contestó:_”Se que me porté susceptible, lo que pasa es que ustedes se creen que somos sirvientes y no es así. Ahora te voy a dejar que tengo que seguir sirviendo la cena”.
Después de cuatro días en el hospital, volvió a su casa. El pasto llegaba hasta la ventana y un moho verde estaba impregnado en las paredes, pero la verdad no tenía plata así que decidió vivir así, aún sabiendo que menos gente se acercaría. Por lo menos, la descompensación que sufrió lo hizo poner en la dicotomía de si quería vivir o no o mejor dicho para qué quería vivir.
La primera solución para su malestar la encontró en dedicarse a la pintura; compró bastidores, acuarelas y pinceles, pero sus dibujos no eran más que la representación de un niño de cuatro años. Se sintió un inútil. Lloró y siguió retraído como siempre. Lo que si hizo fue contratar a alguien para tener su casa en condiciones óptimas.
En unos días se le pasó la bronca, otra vez las ideas comenzaron a fluir como un haz de luces resplandecientes, pensó en un invento detrás de otro; hacer una lapicera con varios cartuchos recargables, yerbas con sabor a arándano, jengibre, medias reversibles de un lado para verano y del otro para invierno. No logró hacer nada, solo impregnar el living de olor a jengibre y manchar las paredes con tintas. Esta vez no lloró, tal vez sintió que su tiempo lo estaba utilizando en algo.
Durante los próximos meses, su pasatiempo fue mirar por la ventana todo lo que pasaba en la vida de los otros; descubrió que su vecina sufría de anorexia, vio como unos gatos se comían a una torcaza que tenía un ala herida, y observó lastimosamente como un hombre le pegaba cachetazos a su mujer y a sus hijos. Entonces entendió que el mundo más allá de su casa no era perfecto y comenzó a escribir sobre ello.
Todos los días se levantaba pensando en qué escribir, cómo relatarlo, con qué personajes y las historias fluían sin parar. Relatar todo lo vivido en su situación era catártico, ya
no esperaba cada día una noticia notable, ni el cariño explícito de alguien especial, porque encontraba en la escritura una forma de estar con los otros, y además una manera más agradable de estar consigo mismo.

jueves, 23 de diciembre de 2010

La vida misma.

Hay que haber vivido un infierno,
para apreciar más el paraíso.
Haber vivido en una gran ciudad,
para apreciar las vicisitudes del campo.
Para amar el silencio debemos
de haber vivido en el ruido.
Nuestra vida es un juego de oposiciones
que debemos conocer y añorar
para disfrutar de cada momento.

Una familia muy normal.

La casa era sombría, parecía que en sus paredes habían quedado guardadas las historias no contadas de la familia. Los gritos del matrimonio de Cristina y Alberto Sotomayor; él siempre golpeando la mesa diciendo: _Callate vieja, vos no sabés nada; los golpes de puño y agarradas de pelo de las hermanas María y Elena y hasta los gemidos de la vecina cuando usaba el cuarto de los Sotomayor para engañar a su marido.
En un domingo de pascua de 1983 asistieron a la casa muchos parientes de esos que solo se ven en los velorios. La visita sorprendió a la familia. Entre sonrisa y sonrisa Cristina Sotomayor ironizaba: _No sabíamos nada que venían, no sé qué vamos a comer.
La primera en llegar fue Luisa vestida de marinera, de azul y hasta con un gorro. Elena fue la que la recibió en la puerta y enseguida le preguntó: -¿vos sos media hermana de mamá, no?. A lo que ella enseguida contestó: _Soy tu tía y punto. En ese momento María la vio y largó una carcajada detrás de una maceta que colgaba en el patio.
La comida recién estuvo lista a las 14:30, pero cuando Ricardo fue a poner la mesa sonó nuevamente el timbre. Emilia se atragantó con un pedazo de pan, tuvo el presentimiento de que era la tía Mecha, la llamada “loca”, hermana de Alberto. Todos se miraron y el tiempo seguía pasando, entonces se escuchó: _Ábranme pedazos de mierda, tenemos la misma sangre, no lo pueden negar. Elena miró a su madre y con firmeza dijo: _Ni loca le abro. Entonces Alberto sin más remedio enfiló para la puerta, la abrió despacio y detrás de ella estaba Mecha, con su pelo canoso repleto de grasitud y un cigarro en la mano izquierda.
Mecha entró en la casa como si no hubiera hecho ningún escándalo, pero si exclamó irónicamente: _Estoy viva, no me podrán evadir. Esas palabras hicieron que Cristina ponga la mesa en un vuelo de pájaro y todos se sentaran a comer. Por unos minutos sólo se escuchaba el ruido de los cubiertos. Elena fue la que rompió el hielo diciendo: _¿Y qué les parecen los fideos improvisados de Mamá?. Luisa que estaba sentada en una punta de la mesa, apenas movió sus labios y afirmó:_Están Ri...cos... y ..., justo cuando María corrió en dirección al baño haciéndose pis encima y ensuciando todo el corredor. Su padre la agarró para darle unas palmadas en la cola, lo que hizo que el resto mirara con ojos desorbitados, mientras que Cristina limpió el desastre tapando su nariz. Nadie se acercó a ayudarla, todos siguieron comiendo como si nada.
En la mesa, Elena trataba de meter bocadillos que cortaban el ambiente con cuchillo: _Media hermana de mamá, mejor dicho tía, ¿dónde compraste el disfraz?, entonces Luisa tomó aire, levantó los ojos y le contestó: _No faltes el respeto a tu tía que es mayor.Pero tía, porque te enojás, fue una broma nada más_. aclaró rápido Elena. Luego Alberto fue a preparar café, Cristina lo siguió y murmurando le comentó:_Hacelo con la morenita que está vencido, a estos no le vamos a dar Cabrales. Terminó la frase y tenía a Mecha detrás, que le tocó el hombro y la miró con sonrisa compradora: _¿Los ayudo?, y Alberto le respondió: _¿Qué te creés que somos idiotas como vos, que no sabés ni hacer un huevo frito?, entonces María tomó las masitas aplastadas que había traído Mecha y las puso sobre la mesa. Mecha aprovechó el momento para salir a fumar un pucho al jardín. Elena ofuscada miraba por la ventana como Mecha prendía un cigarro atrás del otro.
Para que todos se sentarán a tomar el café Cristina tocó una campanilla de bronce que había en una repisa del comedor, fue entonces cuando Mecha volvió del patio y exclamó:”Pero ¡qué tocás eso!, ¿te crees que volvimos al colegio o sos Mirtha Legrand?_. Cristina le contestó:_No tuve otra manera, sino vos te quedás todo el día fumando afuera. ¿Viste que ahora se descubrió que el cigarrillo, envejece unos cinco años?. _Tantas cosas se dice del pucho. En tal caso es al revés, yo tengo mejor cutis que vos_, agregó la hermana de Alberto. Elena aplaudió y dijo: _Bueno ya basta, siéntense a tomar el cafecito. Fue entonces, cuando Cristina observó como Luisa tocaba el pelo de Alberto y le susurraba algo al oído, se puso por detrás de él y la miró fijo a los ojos; al verla la marinerita se apartó con una sonrisa entre falsa y forzada , luego exclamó:_Tenía un bicho que le caminaba por detrás de la oreja . Para calmar los ánimos, se sentaron todos en la mesa a tomar el café con las masitas.
En la mesa, nadie se miraba a la cara, cada uno parecía en su mundo; Alberto revisaba su celular para evadir alguna pregunta de su esposa con respecto a lo sucedido, Mecha como no podía fumar comía una masita tras otra, Luisa tenía los ojos en el piso, Cristina tocaba los bordes de la taza de café y las chicas estaban sentadas frente a su laptop; repetían una y otra vez el tema “You Are The One That I Want” de Grease. Entonces para bajar las masitas Mecha tomó un sorbito de café, lo escupió y gritó:_ “Pero me quieren matar para cobrar toda la herencia del viejo. Este café está quemado y tiene gusto rancio. No creí qué iban a ser tan descarados”. Cristina que se estaba mordiendo la lengua desde hacía rato le contestó:_ “Mirá peor que el cigarrillo no te va a hacer y vos qué podés decir, trajiste masitas aplastadas”.
En ese momento, María comenzó a reirse abriendo toda su boca de manera grandilocuente y los demás no hicieron más que empezar a carcajear junto a ella. Pareciera que eso hizo bajar la tensión que había entre ellos. Al rato Luisa anunció que se retiraba y le pidió a Alberto que le abriera la puerta, pero Cristina lo interceptó y no dejó que se levantara, entonces las dos se dirigieron a la puerta y la señora de la casa la despidió con una elevación apenas de sus labios:_”Después de todo, te quedaste con las ganas de levantarte a mi marido, una vez más y no lo lograste, así que estoy feliz”. Luisa la miró y solo comentó:_ “te veo en el próximo velorio”.

sábado, 11 de diciembre de 2010

No sirven las palabras.

Mi destino, tu destino,
palabras que vuelan
en medio de llantos
plagados de ira.
Y entonces estás ahí,
indignado y estupefacto,
esperando una respuesta
pero nada
sólo frases hechas.
Y consejos fuera de lugar.
Déjalos que ellos,
se queden con sus palabras
vive tu propia experiencia.